Tóxicos:
Los tóxicos que esconde el polvo de casa
Greenpeace comienza a aspirar 25 domicilios de toda España para demostrar que los hogares están «intoxicados» por sustancias químicas peligrosas procedentes de cosméticos, plásticos, pinturas o del mismo mobiliario.
Un informático de la calle Téllez de Madrid, Vicente Bravo, se convirtió el pasado martes en el primero de los 25 españoles a los que voluntarios de Greenpeace van a aspirar el polvo de la casa en los próximos días. ¿El motivo? La organización ecologista pretende llevar luego todas las muestras recogidas a laboratorios independientes para que los análisis demuestren que el polvo de los hogares no esconde sólo los consabidos ácaros, sino químicos mucho más peligrosos: alquifenoles, pirorretardantes bromados, compuestos organoestánnicos, ésteres de ftalato o parafinas cloradas.
Según explica Sara del Río, responsable de la Campaña de Tóxicos de Greenpeace, estas sustancias suelen ser aditivos que se incorporan a productos de consumo habituales para conferirles ciertas propiedades. Así, pueden estar presentes en objetos tan comunes como alfombras, plásticos, ropa, cosméticos, muebles...
«Suelen emplearse en concentraciones muy bajas por lo que ni siquiera figuran en las etiquetas de los productos», explica esta química, «el problema es que son acumulativas, y ya se verá en los resultados de los análisis que los niveles de estas sustancias son importantes en el polvo recogido».
Aunque los ecologistas no han hecho más que comenzar este experimento que les obligará a peregrinar por todo el país junto el aspirador para seguir tomando muestras de otras casas, Del Río está convencida de que los laboratorios confirmarán la presencia de concentraciones significativas en las muestras aspiradas. Pues, según explica, así ha ocurrido en Holanda o Reino Unido, donde ya se puso en marcha esta «prueba del aspirador».
Una de las cuestiones que más llama la atención es cómo han pasado estos químicos de los productos de consumo al polvo de la casa. A este respecto, la responsable de Tóxicos de Greenpeace indica que esto sucede o bien por «el uso cotidiano», como puede ocurrir con un perfume con ftalatos que cae al suelo, o por «el desgaste de los materiales».
Repartidas estas sustancias junto al polvo por todos los rincones de la casa, Del Río asegura que, pese a que sus efectos son a largo plazo, «pueden ser tóxicos para la reproducción, comportarse como disruptores endocrinos o incluso resultar cancerígenos». Además, recalca que, al estar desperdigados por el propio hogar, la exposición a estos químicos es diaria.
Etiquetado
Por desgracia, a día de hoy no se puede hacer gran cosa para impedir la entrada de estas sustancias en casa, pues al ser sólo aditivos en pequeñas concentraciones, los productores no están obligados a señalar su utilización en las etiquetas. Cómo indica Del Río, la única forma de librarse de esta amenaza es que la UE siga adelante con el endurecimiento de la legislación en esta materia para que los productores deban informar del empleo de estos químicos en sus productos y sustituirlos por otros menos peligrosos.
Los cinco compuestos buscados por Greenpeace en las casas españolas tienen propiedades muy diferentes, aunque todos coinciden en ser muy persistentes y tóxicos para el ser humano.
Los alquifenoles se utilizan en detergentes industriales, textil y tratamiento de pieles y en pinturas al agua. Pueden ser tóxicos para los organismos acuáticos.
Los pirorretardantes bromados se aplican en prendas de vertir, plásticos y aparatos eléctricos para prevenir la propagación de la llama. Una exposición crónica a esta sustancia ha mostrado que afecta al desarrollo cerebral y óseo de ratas.
Los compuestos organoestánnicos se usan como estabilizantes en plásticos y, uno de ellos, el TBT, se utiliza como tratamiento contra los ácaros. Pueden ser tóxicos a niveles relativamente bajos de exposición, tanto en invertebrados marinos como mamíferos.
Los ésteres de ftalato se emplean para flexibilizar el PVC blando. El DEHP, el ftalato más usado en Europa, afecta al desarrollo testicular y está clasificado por la UE como «tóxico para la reproducción».
Las parafinas cloradas se usan, aunque ya poco, en plástico, caucho y pintura. Están clasificadas como cancerígenos de «categoría 3» y peligrosas para el medio ambiente.
Corresponsal en España: Dr. Santiago de la Rosa 
Publicado el 8/05/2003